
Laboratorio permanente de investigación&Creación&Formación
HécaTeatro
Es un laboratorio artístico que se encuentra desarrollando una propuesta teatral llamada: Teatro Sanador, esta propuesta es una invitación a que las mujeres indaguen en lo más profundo de su ser herido teniendo como soporte, la escritura, arte y las teatralidades. De esta manera, ayudarlas a expresar su mundo personal interior. Por otro lado, es un deseo, un anhelo, una intención de que las mujeres recuperemos nuestra conexión primordial e instintiva con La Tierra al sabernos una con ella.
Esta propuesta teatral integra tres elementos fundamentales en cada uno de sus procesos. Por un lado está el componente investigativo, que consiste en invitar a las mujeres a que indaguen en sus historias de vida, a través de la escritura. Por otro lado, esta el componente creativo o de creación, que incita a rescatar la capacidad innata de crear que poseemos las mujeres, a través de la exploración y composición de ejercicios teatrales. Y finalmente, está el componente de formación, que procura mejorar la autoestima de las mujeres, contribuye a expresar sus emociones y ayuda a tramitar sus más profundos dolores.
Su nombre es un homenaje a la Diosa griega Hécate, Diosa del cielo y de la tierra. Diosa de la luna, las encrucijadas y el inframundo. Hécate ha sido vinculada a la oscuridad por ser la Diosa del inframundo. Sin embargo, Hécate con sus antorchas es portadora de luz para quienes deciden descender a ese lugar oscuro y silencioso donde habitan los muertos, pero también las semillas.
Hécate es la guardiana del inframundo que nos acompañará al viaje de exploración interior que invito a hacer a las mujeres. Ella nos acompañará en el descenso silencioso y muchas veces doloroso, pero ella también nos guiará para encontrar la salida y retornar con mayor vitalidad y confianza en nosotras mismas.
Descender al inframundo, es una metáfora, una invitación para adentrarnos en las memorias ocultas, oscuras y dolorosas de nosotras mismas con el ánimo de dejarlas morir, hacerles un duelo, y permitir que se conviertan en abono para después renacer con raíces fortalecidas.
Acompaña el proceso:
Yuly Rojas Oyola - Caracola

Licenciada en Artes Escénicas con Énfasis en Creación
Decidí emprender el proyecto: Ciclo de talleres de autoconocimiento, Transitar La Espiral Creativa; porque durante mucho tiempo estuve ahí, afuera, mostrando mi cara de mujer dura, fuerte, a la que no le duele nada. La que no reía, no lloraba y tampoco expresaba cualquier genuino sentimiento. Llevando a cuestas mi vida y mi historia, cargando un peso tan enorme que mi cuerpo y alma me dolían. Me sentía cansada de luchar con el odio y la rabia que sentía por dentro, y no sabía cómo expresarla, pero tampoco sabía cómo dejar de sentirla. En las noches encerrada en mi habitación me culpaba por haber sido tan dura con mi madre, sentía que la odiaba y no entendía cómo podía ser eso. Renegaba de mi infancia, el contexto en el que crecí y el lugar en donde nací. Sentía que odiaba a mi padre por haberme abandonado y a mi madre por no cuidarme lo suficiente cuando estaba pequeña. Si lo hubiese hecho, ningún hombre mayor me hubiese manoseado y abusado cuando yo ni siquiera sabía qué era lo que hacían con mi cuerpo. Así crecí, llena de resentimiento, odio, miedo, culpa, vergüenza y asco. Buscaba maneras de exteriorizar lo que sentía, pero el personaje que me había inventado desde que era niña, no me lo permitía. No me permitía sentirme débil, frágil o vulnerable, ni llorar frente a nadie, porque enseguida pensaba que si me veían así, me iban a hacer daño. Pero el daño ya estaba hecho y me lo seguía haciendo yo misma cada día, porque no me permitía sentir lo que me dolía.
Una parte muy primitiva de mí, ya conocía el teatro, quizás las memorias de mis ancestras y ancestros, chamanes, parteras, curanderas y yerbateros estaban vivas en mí y me incitaban a retornar a los orígenes del teatro. Aquellos que narran que en tiempos remotos, el artista era el médico y el chamán encargado de conservar la espiritualidad en las comunidades primitivas; y que era en torno a los rituales que la comunidad se reunía, compartía, conservaba tradiciones y trascendía.
Entonces, cuando descubrí el teatro como formación, me acerqué a él desde esa perspectiva, me convertí en una investigadora que se investiga a sí misma. Me dediqué a escribir lo que sucedía conmigo en cada una de mis sesiones de clase. La escritura me hizo dar cuenta que lo que me parecía tan atractivo del teatro era la posibilidad de ser quien no me permitía ser y sentir lo que no me permitía sentir en la vida cotidiana. Descubrí mis propias máscaras y fui consciente de ellas y empecé a soltar cada uno de los pesos que cargaba. Empecé a crear mis propios rituales para mutar el dolor, para transformarlos en algo que no doliera tanto y finalmente, la escritura y el teatro me permitieron comprender que sanar no significa dejar de sentir dolor, sino, aceptar que en mi viva hay historias dolorosas, que ya no puedo cambiar, pero sí resignificar, aprender de ellas y compartirlas con otras mujeres, porque cada historia de cada mujer es única, y si ella no la cuenta, nadie más lo hará.
Además, en el caso de las mujeres, existe una deuda histórica que durante muchos años nos impidió exponer nuestro punto de vista. Entonces las invito, primero, a indagar en nosotras mismas, segundo a escribir nuestras historias y tercero a contar esas mismas historias, porque nos lo debe la historia, pero solo nosotras podemos y debemos pagar esa deuda, por nosotras y por las otras.
